Está situado entre las esquinas de San Simón y Monte Carmelo, en el Sector Cotiza de la Parroquia San José, a pocas cuadras del Panteón Nacional. Es patrimonio cultural de Caracas, aunque atraviesa por la misma crisis hospitalaria que todos los demás centros asistenciales del país.
Contenido:
- Un hospital moderno
- El país que vio nacer al Hospital Vargas
- Rafael Rangel: entre la peste y la dictadura
- José Gregorio Hernández: el final de un día feliz
- Los fantasmas del Hospital Vargas
Un hospital moderno
Todo el Hospital Vargas se situa sobre los terrenos que antes correspondieron al Cementerio de San Simón. El Instituto Anatómico San Lorenzo, inaugurado por Luis Razetti en 1911, se localizaba sobre el viejo Cementerio de La Mercedes, entre las esquinas de San Lorenzo y Ánima Sola. Este último luego pasó a ser la Escuela de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela.
De acuerdo al proyecto, el nuevo hospital sería de una sola planta, ocupando dos manzanas con una extensión de 19.800 m². Tendría una disponibilidad de 1.000 camas distribuidas en grandes salas y divididas en dos alas, una para mujeres y otra para hombres. En sus inicios, cada ala se componía de dos hileras con cinco salas en cada una, que primero llevaron nombres de santos, luego el de médicos reconocidos y finalmente números.
Adicionalmente, el hospital contaría con área de emergencia, terapia intensiva, cuartos para los médicos y residentes, laboratorios, departamentos de autopsias, morgue, quirófanos y habitaciones de recuperación, farmacia, anfiteatro, zona de consultas, varios puestos de enfermería, almacenes, servicios de cocina y lavandería, caballerizas y muchos jardines.
El Hospital Vargas fue una majestuosa obra arquitectónica de estilo neogótico, con grandes arcos ojivales, pisos de cerámica blanca y negra simulando un tablero de ajedrez, y un gran patio central presidido por la estatua del eminente Doctor José María Vargas, quien fuera fundador de la cátedra de Anatomía y Cirugía de la Universidad de Caracas y primer Rector de la Universidad Central de Venezuela.
Todavía en medio de la obra, el hospital es inaugurado el 1° de enero de 1891 por el nuevo Presidente Ramón Andueza Palacios, y se abre al público el 5 de julio de este mismo año, convirtiéndose en el primer hospital moderno del país. Estuvo atendido por los mejores médicos de la época tales como José Gregorio Hernández, Luis Razetti, Francisco Antonio Rizquez, Miguel Ruíz y Pablo Acosta Ortiz, entre muchos otros, contando con la esmerada asistencia de la Hermanas de la Caridad de San José de Tarbes.
El día 5 de julio, fecha en que comienza a funcionar el hospital, ingresan 194 pacientes que se distribuyen entre las 20 salas. Habían llegado procedentes del Hospital de Caridad de Mujeres ubicado en la Esquina de San Pablo, y del Hospital Civil de Hombres (antiguo Hospital San Pablo) localizado en la Esquina del Hoyo. Durante el año siguiente se realizan 136 cirugías de diversa índole, que fueron las primeras en el país, falleciendo en ellas sólo 14 pacientes.
El Hospital Vargas ha sido refaccionado a lo largo de la historia y su estructura ha cambiado. Una de las más importantes modificaciones fue entre 1930 y 1935, cuando se sustituyeron los techos de madera por platabandas y se construyó un segundo nivel, redistribuyéndose las dependencias.
El país que vio nacer al Hospital Vargas
- Catedral (1636)
- Altagracia (1750)
- Candelaria (1750)
- Santa Rosalía (1795)
- San Juan (1834)
- Santa Teresa (1874)
- El Recreo (1852)
- San José (1889)
- La Pastora (1889)
En esta Caracas de los techos rojos de finales de siglo XIX también existía el tranvía y el ferrocarril. Cuentan que para el año 1891 ya la ciudad contaba con 31 unidades de tranvías que recorrían las calles empedradas llenas de carriles de hierro. A través del ferrocarril también se podía llegar hasta puntos bastante lejanos como La Guaira, El Valle o Petare, y en el año 1890 había sido estrenado el tramo Caracas-Valencia.
Cuando se inaugura el Hospital Vargas, Caracas únicamente contaba con los siguientes nosocomios o lugares de acogida para los enfermos y desvalidos:
- Hospital de la Caridad de Mujeres
- Hospital de Hombres
- Asilo de Huérfanos
- Casa Nacional de Beneficencia (inválidos y locos)
- El Lazareto (leprosos)
- Hospital Obra Pía Requena
- Hospital Linares para niños (actual Hospital Carlos J. Bello en la Cruz Roja Venezolana)
- Asilo de Enajenados de Los Teques (perteneciente al Distrito Federal)
Apenas transcurridos ocho años de su apertura, al Hospital Vargas le tocará vivir una larga época muy dura, tanto políticamente, como por dos grandes epidemias que están entre las peores de la historia. El 22 de octubre de 1899 entra Cipriano Castro con sus tropas a Caracas, dando un golpe de Estado al entonces presidente Ignacio Andrade, y comienza una férrea dictadura de 36 años protagonizada por Cipriano Castro hasta el año 1908 y por Juan Vicente Gómez entre 1908 y 1935.
Narra José Rafael Pocaterra que cuando un preso moría en La Rotunda a causa de los malos tratos o por envenenamiento, llegaba una ambulancia del Hospital Vargas y se llevaba el cuerpo sin vida, que luego entregaban a sus familiares diciéndoles que había fallecido en el hospital, lo cual quiere decir que los médicos eran obligados a firmar actas de defunciones falsas. En cuanto a las epidemias, en el año 1908 se desató la Peste Bubónica y, posteriormente, en 1918, la Gripe Española.
El Hospital Vargas está lleno de historias acerca de todos los médicos ilustres que allí trabajaron, pero hay dos hechos que marcaron su cronología de forma muy singular; el primero de ellos fue el suicidio del eminente científico Rafael Rangel en el año 1909 y el segundo la muerte del Doctor José Gregorio Hernández en 1919.
Es interesante destacar que, en ambos desenlaces, estuvo presente la figura del Dr. Luis Razetti (1862-1932), cuya talla profesional se valora como máxima exponente de la medicina venezolana junto a José María Vargas y a José Gregorio Hernández.
Rafael Rangel: entre la peste y la dictadura
Rangel sufría de una severa depresión. Dicen que durante sus últimas semanas de vida tenía conductas extrañas y se la pasaba ensimismado. El día anterior a su muerte había invitado a los bachilleres a una conferencia y, en mitad de la presentación, luego de hablar locuazmente durante un buen rato, se quedó en silencio y comenzó a llorar. La razón principal de su desventura fue la epidemia de la Peste Bubónica, durante la cual había contraído muchas deudas en nombre del gobierno que ahora se negaba a responder.
Cuando en marzo de 1908 se presenta en La Guaira el primer caso sospechoso de Peste Bubónica, el científico es convocado a investigar; no encuentra la causa de la enfermedad y declara que no parece ser la temida peste. No obstante, unas semanas más tarde baja al Litoral y logra aislar el bacilo, ante lo cual se declara la emergencia y Rangel es nombrado jefe de la campaña sanitaria. A continuación se toman medidas muy drásticas, tales como quemar las casas donde habia entrado la peste, a los fines de evitar la propagación, y mediante la promesa de que el costo sería indemnizado.
Pero sucedió que a finales de este mismo año, el 24 de noviembre de 1908, Cipriano Castro tiene que salir para Europa por razones médicas y Juan Vicente Gómez aprovecha para desplazarlo del poder, desarrollando un gran odio hacia todos los hombres que habían sido de la confianza del anterior mandatario y desatándose una feroz persecución hacia éstos.
Rafael Rangel fue velado en una capilla del Hospital Vargas que estaba en el área actual de las consultas externas. Iba a ser enterrado al otro día pero una inclemente tempestad lo impide, por lo que el Dr. Razetti lo embalsama para evitar la descomposición del cadáver y finalmente su cuerpo es inhumado en el Cementerio General de Sur el domingo 22 de agosto. Desde el 20 de agosto de 1977 sus restos reposan en el Panteón Nacional de Caracas, a pocas manzanas de distancia del Hospital Vargas.
José Gregorio Hernández: el final de un día feliz
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Doctor José Gregorio Hernández en el laboratorio |
Luego de obtener su grado de médico en 1888, es becado y parte para Francia en 1889, regresando el mismo año en que se inaugura el Hospital Vargas, para instalar un avanzado laboratorio que contó con el primer microscopio del país traído por él mismo.
De su época de estudiante también se cuenta que aprendió varios idiomas, así como a tocar piano. Daba clases particulares para mantenerse y se cosía su propia ropa para ahorrar dinero. Por otra parte, era un muchacho normal, que tuvo varias novias porque además era guapísimo; acudía a las fiestas y bailaba muy bien. Muchos dicen que nunca se casó porque se dedicó a Dios, pero otros aseguran que no lo hizo debido a que tuvo que terminar de criar a sus seis hermanos cuando murió su padre.
Cuando vuelve de Europa se va a vivir a La Pastora con su hermana María Isolina del Carmen, en una casa que estaba ubicada entre las esquinas de Desbarrancado y San Andrés. Compartía su tiempo entre la docencia en la Universidad Central de Venezuela, donde funda la Cátedra de Bacteriología (que fue pionera en América) y sus actividades en el Hospital Vargas como Director del primer laboratorio de Venezuela. Igualmente, destinaba gran parte de su día a socorrer a los vecinos necesitados que acudían en busca de sus valiosos conocimientos médicos.
Ese domingo, que fue el último de su vida, José Gregorio se había levantado, como siempre, antes de las cinco de la mañana y acudió a la misa en la Iglesia de la Divina Pastora donde comulgó, para posteriormente desayunar y visitar a los enfermos del Hospital Vargas y a los niños del orfelinato ubicado entre las esquinas de Dos Pilitas y Portillo, relativamente cerca de su vivienda.
Después del almuerzo el Dr. Hernández celebraba en su casa con unos amigos que fueron a felicitarlo por su aniversario de graduado, cuando a las dos de la tarde tocaron su puerta para pedir ayuda: una anciana estaba grave y necesitaba de su atención.
Más o menos a esa hora circulaba por La Pastora el señor Fernando Bustamante, quien era amigo del Dr. Hernández y le debía el gran favor de haber curado a su hermana de la Gripe Española, razón por la cual le había ofrecido como ahijado al niño que esperaba.
Bustamante había sacado su licencia de conducir trece días antes, la cual era la número 444 del país. En la Esquina de Amadores, donde se había parado José Gregorio a comprar una medicina para la mujer enferma, al cruzar la calle distraído éste fue golpeado en una pierna por el carro marca Essex y cayó al suelo.
El mismo Bustamante lleva a José Gregorio hasta el Hospital Vargas, donde casualmente estaba de guardia el Dr. Razetti. Según algunas versiones el Dr. Hernández llegó sin vida, y de acuerdo a otras murió en la sala de emergencias, la cual no hace mucho fue convertida en una capilla que lleva su nombre.
La causa de su fallecimiento fue fractura en la base del cráneo, por lo que José Gregorio no muere a causa del arrollamiento, sino por el golpe que recibió en la cabeza contra el filo de la acera. De todas formas, Bustamante estuvo preso durante aproximadamente año y medio.
El cuerpo de José Gregorio Hernández fue llevado a casa de su hermano, quien vivía entre las esquinas de Tienda Honda y Puente La Trinidad –actual Boulevard Panteón-, pero la afluencia de gente fue tanta que tuvo que ser movido a la Universidad Central de Venezuela (hoy Palacio de las Academias) para ser velado en capilla ardiente. El 1° de julio fue enterrado en el Cementerio General del Sur, donde permaneció hasta el año 1975, cuando es trasladado a la Iglesia de La Candelaria para un mejor resguardo.
Actualmente, gran parte de los restos de José Gregorio Hernández se encuentran en El Vaticano, ya que fueron nuevamente exhumados debido a su proceso de beatificación, el cual se concretó el 30 de abril de 2021.
Los fantasmas del Hospital Vargas
Una de las anécdotas sobre la enfermera proviene del año 1989 y corresponde a una mujer que llegó a emergencia con su pequeño hijo; le dijeron que esperara, dejándo al niño en una camilla en mitad de un pasillo. Pasaban las horas y no lo atendían, mientras que la criatura ardía en fiebre y la madre se desesperaba, cuando apareció una enfermera, que muy amablemente le preguntó qué le pasaba y luego la guió hasta donde estaba una doctora.
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Enfermera fantasma |
Otra narración proviene de un médico y sucedió en la sala 6. Según cuenta, una joven tenía una enfermedad autoinmune que se complicó renalmente por lo que no orinaba y, de ser una persona encantadora, se volvió agresiva e insultaba a todo el personal para que le dieran agua, lo cual tenía limitado por su condición. Resulta que la muchacha murió una tarde y por la noche alguien se bebió todo el termo de agua de la residente que estaba de turno, quien dejó abandonada la guardia presa de terror.
En cuanto a las historias inéditas son varias. Algunas de ellas contadas por un grupo que, como labor social, hacía obras de teatro para los pacientes y sus familiares, así como otras referidas por payasos de hospital y un residente que pasó muchos días y noches de guardia en el Hospital Vargas.
En el teatro, que queda al fondo del pasillo a mano derecha entrando por una alta puerta de madera, había un fantasma travieso que acostumbraba a apagar las luces y la música. Se escuchaban sus pasos corriendo arriba de la tramoya, lo que según dicen no es raro que ocurra en los teatros y más aún tratándose de un hospital que además fue construido sobre un cementerio.
Cuenta, pongamos por caso que se llama Ana, que un día, cuando estaba por comenzar una obra, se propuso buscar a los pacientes rezagados para que asistieran al teatro y entró en una de las grandes salas donde al fondo se veía a un hombre acostado. Cuando decidió ir hasta él se le apareció una enfermera, que intrigada le preguntó que por qué estaba allí. Ana le respondió que iba a buscar al señor que estaba en la cama del fondo y la enfermera le informó que en aquella sala no había ningún paciente.
Gente de otro grupo dice que con frecuencia se topaban con una monja que iba rezando por los pasillos del hospital, pero nunca lo tomaron como algo anormal, hasta que un día se percataron de que, en una foto muy vieja, que estaba colgada en una pared, aparecía la misma religiosa. Seguramente la foto correspondía a los años en que el Hospital Vargas estuvo atendido por las Hermanas de la Caridad de San José de Tarbes y la que deambulaba por los corredores era una de ellas.
Un entonces residente y hoy doctor, que llamaremos Luis, ha corroborado que muchísima gente ve tanto a la enfermera como a la monja, así como también al paciente de la sala deshabitada, y además narra que hay una zona muy poco conocida en el hospital desde donde se ven velas prendidas en el jardín, cuyo sitio se ubica entre las salas 4 y 5.
Este mismo doctor también se refiere a los sótanos del Vargas, que actualmente son un depósito de desechos, camillas y sillas de ruedas abandonadas, donde cuenta que hay una energía muy particular y existen pasadizos ocultos, puertas que se conectan y salidas clausuradas.
Seguramente aquí es donde vive la mayoría de los fantasmas del hospital, muchos de los cuales ni siquiera saldrán de su escondite y mucho menos para observar el deterioro que atraviesa el hospital.
Caracas
Cuéntame Caracas. (s. f.). El día que murió el chofer del auto que atropelló
a José Gregorio Hernández. https://caracascuentame.wordpress.com/2016/08/05/el-dia-que-murio-el-chofer-del-auto-que-atropello-a-jose-gregorio-hernandez/
Cisneros,
J. A. (2010, 19 octubre). Hospital Vargas de Caracas Siglo XIX. https://issuu.com/dr.cisneros/docs/hosp_vargas_siglo_xix
Crónicas
de Tánatos. (s. f.). La muerte de José Gregorio Hernández. https://cronicasdeltanato.wordpress.com/la-muerte-de-jose-gregorio-hernandez/
Desde la memoria urbana. (2016, 30 noviembre). Domus pauperum: o memoria sobre la mejor manera de destruir al Hospital Vargas. http://hanniagomez.blogspot.com/2016/
Gobierno
Bolivariano de Venezuela. (s. f.). 25 de Abril Natalicio de Rafael Rangel.
http://www.inhrr.gob.ve/noticia16.php#:~:text=Sus%20restos%20reposan%20en%20el,el%2020%20agosto%20de%201977
Revista
Élite. (s. f.). Los tranvías de Caracas. http://www.tramz.com/ve/cs/css.html
Rivas,
J. (2019, 8 diciembre). Esquina de San Lorenzo. http://www.donrefran.com/esquina-de-san-lorenzo/
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