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| Calabozos de La Rotunda - Foto Wikipedia |
Entre los años 1899 y 1935 Venezuela padeció la dictadura más cruenta de su acontecer histórico. Este período se sitúa dentro de otro más amplio conocido como la Hegemonía Andina, que duró 46 años comenzando con la llegada de las tropas de Cipriano Castro a Caracas el 22 de octubre de 1899 y culminando con el golpe de Estado a Isaías Medina Angarita el 18 de octubre de 1945.
En general los libros de historia, aunque resaltan lo terrible que fueron las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, se remiten a datos, acontecimientos y fechas clave, sin entrar en mucho detalle porque los textos serían interminables. Al respecto, si se quiere profundizar en lo que pasó, nada mejor que recurrir al testimonio de alguien que vivió la represión en carne propia.
Lo que aquí se narra está basado principalmente en “Memorias de un venezolano en la decadencia” (1927) de José Rafael Pocaterra (1889-1955), aunque también se recurre a otras fuentes en cuanto a los antecedentes, cronología, así como algunas otras informaciones relevantes. Pocaterra, que aparte de ser escritor fue un periodista contestatario y conspiró contra Gómez, estuvo preso en el Castillo de Puerto Cabello, en el de San Carlos (Lago de Maracaibo) y finalmente en La Rotunda.
Contenido
Venezuela antes de Cipriano Castro
Es importante hacer referencia a los gobiernos que precedieron la dictadura de Cipriano Castro (1859 - 1924), puesto que su Revolución Liberal Restauradora estuvo relacionada con los presidentes del período histórico comprendido entre 1870 y 1899. En este lapso se sucedieron diez mandatos y prácticamente en cada uno de ellos se produjo una reforma constitucional, para adecuar la Carta Magna a la conveniencia del gobierno de turno.
Presidentes anteriores a Cipriano Castro a partir de 1870:
- 1870-1877 Antonio Guzmán Blanco
- 1877-1878 Francisco Linares Alcántara
- 1879-1884 Antonio Guzmán Blanco
- 1884-1886 Joaquín Crespo
- 1886-1887 Antonio Guzmán Blanco
- 1887-1888 Hermógenes López (encargado en el tercer período de Guzmán Blanco)
- 1888-1890 Juan Pablo Rojas Paúl
- 1890-1892 Raimundo Andueza Palacios
- 1892-1898 Joaquín Crespo
- 1898-1899 Ignacio Andrade
Estos 29 años están dominados prinncipalmente por la figura de Antonio Guzmán Blanco (1829 - 1899), quien mandó durante 14 años de forma directa y en el resto de los períodos puso en la presidencia a sus candidatos: Francisco Linares Alcántara, Joaquín Crespo y Juan Rojas Paúl, de los cuales sólo Joaquín Crespo se mantuvo fiel.
Juan Rojas Paúl se rebeló apenas tomó el poder y luego de terminar su mandato se las ingenió para colocar a su hombre de confianza Raimundo Andueza Palacios, por lo que Joaquín Crespo se alza con la Revolución Legalista y asume una segunda presidencia. Este último, una vez concluido su período, aupó a Ignacio Andrade que llegó a la presidencia mediante unas elecciones a todas luces fraudulentas.
El tema acerca de la forma de gobierno: centralista o federalista, así como la duración de los períodos presidenciales, tuvo gran relevancia para los dos partidos que en esta etapa dominaron la escena política: Partido Liberal Amarillo y Partido Liberal Nacionalista.
El "Ilustre Americano"
En el momento que se implementa la Constitución de 1864 bajo la presidencia de Juan Crisóstomo Falcón, el país pasa a llamarse Estados Unidos de Venezuela. Se instaura el sistema federal y la República se divide en 20 estados con autonomía, además de un Distrito Federal. Por otra parte, el período presidencial era de cuatro años sin reelección inmediata.
Es importante resaltar que Antonio Guzmán Blanco participó en la Guerra Federal, y luego, como Vicepresidente, estuvo al mando de la República mientras que Juan Crisóstomo Falcón, quien era el Presidente, se dedicaba a apagar todos los fuegos que se prendieron una vez que los estados tuvieron independencia.
El gobierno de Juan Crisóstomo Falcón recibió un golpe de Estado en el año 1868 por parte de José Tadeo Monagas y su Revolución Azul, pero luego Guzmán Blanco toma el poder nuevamente en 1870 con la Revolución de Abril, aunque su mandato comienza oficialmente en 1873 cuando el Congreso lo nombra Presidente.
Esto sucede porque, a pesar de que Guzmán Blanco gobernaba de facto desde 1870, tuvo que dedicarse por unos años a combatir a los enemigos. Guzmán Blanco decía que Venezuela era como “un cuero seco” ya que se aplastaba por un lado y se levantaba por otro, en alusión a todos los alzamientos que enfrentó.
Por la Constitución de 1864 el período de Guzmán Blanco culminaba en 1877 ya que oficialmente había comenzado en 1873. Pero en total gobernó durante siete años consecutivos que son conocidos como el Septenio. Además se le otorgó el título de “Ilustre Americano” y él se mandó a erigir dos estatuas: una ecuestre ubicada en las inmediaciones de la antigua Universidad Central de Venezuela y otra en El Calvario.
En 1874 se promulga una nueva Constitución que lleva el período presidencial a dos años sin reelección inmediata, lo cual favorece la posibilidad de que Guzmán Blanco ponga y quite presidentes de forma rápida. Obviamente, el nuevo período presidencial entraría a regir una vez que Guzmán Blanco terminara su mandato. Posteriormente hubo una excepción en cuanto al período durante el siguiente gobierno de Guzmán Blanco que se conoce como el Quinquenio (1879-1884).
En 1879, estando Guzmán Blanco en París, sucede otro levantamiento y el Ilustre Americano se viene para combatirlo; funge como presidente provisional y luego es nombrado Presidente Constitucional por el Congreso, lo que le facilitó cinco años de gobierno aunque correspondían dos. Posteriormente, cuando termina la primera presidencia de Joaquín Crespo, sale electo nuevamente como primer mandatario para el periodo 1886-1888, pero deja encargado a Hermógenes López y se va a Francia para no volver.
Los andinos al poder
Cipriano Castro se encontraba exiliado en Cúcuta desde 1892 cuando Joaquín Crespo se impuso con su Revolución Legalista contra el gobierno de Raimundo Andueza Palacios. Castro era un político seguidor de este último y participó en la defensa de su gobierno. En Cúcuta se había casado con Zoila Rosa, conocida como “Doña Zoila”, quien a decir de varias víctimas torturadas por la dictadura de su marido intercedió en distintas oportunidades.
Castro había arrastrado a su compadre Juan Vicente Gómez, al que había conocido en 1889 y luego se hicieron grandes amigos. Gómez no era político y apenas sabía leer y escribir pero con los bienes procedentes de su Hacienda La Mulera y las ganancias que obtenía del contrabando de ganado y café financiaba el movimiento político de Castro y con él pasó los siete años de exilio.
Cuando Ignacio Andrade llega a la presidencia apoyado por Joaquín Crespo, extrañamente con la obtención del 99% de los votos, Cipriano Castro decide alzarse. De acuerdo a los historiadores, esto sucede porque en ese momento Castro ve una buena oportunidad para tomar el poder por las armas sin mucha resistencia por el gran descontento imperante.
Por otra parte, en los andinos existía reconcomio contra los gobiernos que desde Caracas comandaban al país, ya que por ejemplo el Táchira era una de las zonas más ricas por su producción de café y estaba en el total abandono. Igual sucedía con el resto de los estados de Venezuela: los mandatarios locales eran seleccionados a dedo desde la capital y en la mayoría de los casos ni siquiera habían nacido en la región donde gobernaban.
Castro entra triunfante en Caracas el 22 de octubre de 1899 seguido de su ejército de soldados andinos y otros que se le habían plegado en el camino. También llega con él un grupo de intelectuales procedentes del estado Carabobo, que fue conocido como el Círculo Valenciano y supo cautivarlo; éstos se encargaron de malponer a Gómez con su compadre, lo que le hizo sufrir humillaciones y ocasionó que el hombre que sufragaba los gastos de la revolución fuera acumulando mucha rabia.
No más arribar a la capital, luego de un vistoso desfile, Castro se lanza un discurso patriótico en el Salón Elíptico del Palacio Federal y posteriormente es aclamado por la sociedad capitalina. Para los soldados andinos, Caracas significó un shock por las diferencias culturales y espaciales con respecto a su región; no cabían en ninguna parte y fueron alojados en museos y otros lugares improvisados, mientras que los caballos ocuparon la Plaza Bolívar que se llenó rápidamente de excrementos.
Por otra parte, los caraqueños se burlaban de la tropa andina; ésta reaccionaba de forma airada y al estar armada más de uno fue malogrado, aunque también unos cuantos andinos resultaron masacrados en algunos barrios. Comenzaba una época terrible que nadie imaginaba ni podía predecir. A partir de esta fecha se inicia un período de 36 años de dictadura y 46 años de Hegemonía Andina que se distribuyeron de la siguiente forma:
- 1899-1908 Cipriano Castro
- 1908-1935 Juan Vicente Gómez
- 1936-1941 Eleazar López Contreras
- 1941-1945 Isaías Medina Angarita
El Restaurador
Todas las descripciones acerca del triunfador de la Revolución Liberal Restauradora –quien fue nombrado el Restaurador- coinciden en que era un hombre de significativa baja estura, lo que también le hizo ganar el apodo de “enano”. Acostumbraba a vestir con una levita gris y tenía una larga barba oscura terminada en punta, lo que acentuaba su apariencia de gnomo. En cuanto a su personalidad, dicen que era inquieto, locuaz, nervioso y colérico. Las cualidades que mayormente lo distinguían eran las de ser un mujeriego enfermizo y un apasionado orador.
Deslumbrado con la vida citadina, pronto se dio a la bebida, a las comilonas y a las orgías, lo cual sucedía cotidianamente y le impedía dedicarse a sus obligaciones de Presidente, cosa que otros aprovechaban, especialmente el Círculo Valenciano. A menudo se daban grandes fiestas en la Casa Amarilla y en ellas Castro hacía gala de sus dotes para la danza, lo que le hizo merecedor de otro mote: “el bailarín desenfrenado”.
El Restaurador, conocido también como el Cabito, se hizo una hermosa quinta en una urbanización naciente para aquellos años, donde vivían las familias más prestigiosas. Villa Zoila fue la mansión construida por Castro en El Paraíso. Al mismo tiempo erigió el Cuartel La Planta para que vigilara su residencia y colindando con Villa Zoila por la parte de atrás estaba la casa de Juan Vicente Gómez. Igualmente, pronto se levantó el Puente Restaurador sobre el Guaire, que permitía llegar más rápido a la Casa Amarilla.
Constituciones y gobierno
Durante los nueve años en los que mandó Cipriano Castro se promulgaron tres Constituciones: 1899, 1901 y 1904. La primera consistió en volver a la del año 1893, que contemplaba un período presidencial de cuatro años sin reelección inmediata y era de corte centralista. Paralelamente se convoca una Asamblea Nacional Constituyente para promulgar una nueva carta magna que se sanciona en 1901 donde se lleva el período presidencial a seis años y queda electo Cipriano Castro para el lapso 1902-1908.
Posteriormente, en 1904 se promulga otra Constitución que anula el período presidencial vigente y por nuevos escrutinios se vuelve a elegir a Castro para el período 1905-1911. Pero el Cabito, luego de operarse de urgencia en Venezuela debido a una fístula intestinal que lo aquejaba, tiene que salir a finales de 1908 para Alemania a fin de tratarse con un renombrado especialista en ese país y entonces Juan Vicente Gómez le da un golpe de Estado. El Restaurador no pudo regresar nunca más y murió en Puerto Rico en el año 1924.
Lo que mayormente destaca de la presidencia de Castro es: la construcción de la Academia Militar, que posteriormente fue inaugurada bajo el mandato de Gómez; el Teatro Nacional; y la promulgación de la Ley de Divorcio Civil que causó gran malestar en la Iglesia Católica. Por otra parte, sus mayores retos fueron: sofocar múltiples alzamientos que enfrentó con éxito e hizo fortalecer a su gobierno; la gran epidemia de Peste Bubónica; y el bloqueo de los puertos venezolanos por parte de potencias extranjeras reclamando el pago de la deuda.
Las cárceles
Según testimonios, a pesar de que las prisiones bajo el régimen de Castro fueron muy duras y una transgresión grave implicaba recibir cien palos a repique marcial de tambor y quedar hecho una piltrafa, nunca llegaron a ser como en la dictadura de Gómez. José Rafael Pocaterra estuvo preso en el Castillo de Puerto Cabello y en el de San Carlos (Lago de Maracaibo) durante la dictadura de Castro y nunca fue engrillado como después en La Rotunda.
En los castillos le permitían salir a tomar el sol y jugar ajedrez en la puerta de la bóveda donde estaba recluido.También le dejaban tener libros y hasta le facilitaron un chinchorro. El mayor problema de estos lugares era la humedad y el golpeteo constante de las olas por estar las celdas debajo del nivel del mar, así como el olor a cloaca y a pescado podrido, además de infinidades de bichos peligrosos como las ratas y los ciempiés. Adicionalmente, el suelo era de arena y el agua se colaba por las grietas de los muros.
Sobre la estadía de Pocaterra en Puerto Cabello hay muchas anécdotas, dos de las cuales merecen ser citadas. La primera es que pudo conocer la bóveda en que estuvo Francisco de Miranda en 1811 antes de ser enviado a La Carraca, donde por cierto fue custodiado por el realista Don Antonio de Mata Guzmán y Palacio, padre de Antonio Leocadio Guzmán y abuelo de Antonio Guzmán Blanco. Don Antonio, aún siendo su enemigo político, se las arregló para que a Miranda nunca le faltara nada. Incluso le llevaba comida de su casa y le instaló una mesa para que pudiera escribir, facilitándole además los implementos.
La segunda es sobre un detenido que estaba en el Castillo y, debido a que no podía orinar, se moría del dolor; pero le negaron una sonda y la debida atención médica ya que Castro lo tenía prohibido. En una de sus peores noches se escuchaba a lo lejos una gran fiesta, con cohetes, música, y los típicos sonidos de brindis y risas. Era la boda de Román Delgado Chalbaud que en esa época estaba en el gobierno y todo Puerto Cabello celebraba. Sucedió que, algunos años después, el reo se convirtió en el encargado de La Rotunda donde Román Delgado Chalbaud pasó 14 años de su vida. Este personaje se llamó Duarte Cacique y fue especialmente cruel con todos los presos de La Rotunda.
El Benemérito
Para muchos, la personalidad que mostró Juan Vicente Gómez luego de dar el golpe de Estado el 19 de diciembre de 1908 fue una sorpresa; gente que había sido muy cercana desde años atrás comentaban que realmente lo conocieron ese día. Muchos dicen que tras su apariencia de hombre campesino bonachón, se escondía un verdadero monstruo que, como caimán en boca de caño, esperaba su momento. Ciertamente este personaje siempre fue un calculador que medía con mucho cuidado tanto lo que hacía como lo que decía y por tal razón era hombre de pocas palabras.
Debido a su forma de ser, introvertida y ensimismada, nunca tuvo facilidad para la oratoria. Mostraba dificultades para la expresión y acostumbraba a usar muletillas a final de las frases, las cuales solían ser: “Sí señor” y “Cómo le parece”. Cuentan que aunque rígido no era antipático y que a pesar de ser casi analfabeto tenía una inteligencia muy desarrollada para entender la psicología de quienes le rodeaban y manejarlos a su antojo. Por otra parte, dicen que a diferencia de su compadre Castro, era muy trabajador y comenzaba su jornada a las cuatro de la mañana para terminar tarde en la noche. Igualmente, aseguran que creía en la brujería y en los maleficios.
Físicamente era alto y corpulento, barrigón, con el pelo aindiado y unos grandes bigotes. A partir de cierto momento comenzó a usar guantes una vez que descubrió algunas manchas desagradables en sus manos. Su cara era la de un hombre desconfiado y lo más peculiar de su rostro eran sus ojos maliciosos que inspiraban temor porque se adivinaba que algo no muy claro se ocultaba tras aquella mirada. Especialistas que han analizado su personalidad coinciden en que la misma se parece mucho a la de Stalin, la cual tenía una marcada tendencia hacia el sadismo, como en efecto lo confirman diversos testimonios y documentos sobre el comportamiento del dictador venezolano.
Respecto a lo anteriormente afirmado, hay constancia de que El Benemérito torturó personalmente en diversas oportunidades. Especialmente, está respaldado lo referente al suceso del el 30 de junio de 1923, cuando su hermano Juancho fue asesinado en Miraflores y los sótanos del Palacio se llenaron de sospechosos. Durante los siguientes días Gómez practicó los más crueles castigos, pero no fue la primera vez. Por otra parte, hay testigos de que Juan Vicente disfrutaba escuchando las historias de tortura y se burlaba de las reacciones fisiológicas de los presos políticos cuando eran colgados por sus partes íntimas.
Gobierno
Se sabe que cuando Juan Vicente Gómez se apodera del poder poco después de la partida de su compadre para Alemania, ya había entrado en conversaciones con los representantes de los Estados Unidos de Norteamérica para pactar una defensa en caso de que Castro decidiera alguna invasión a Venezuela. El día del golpe visita los cuarteles para asegurarse la fidelidad de las tropas y luego cita a los ministros a la Casa Amarilla donde algunos son enviados a la cárcel de ipso facto.
Posteriormente le levanta un expediente al Restaurador acusándolo de querer matarlo, por un famoso cablegrama de Cipriano que decía: “la culebra se mata por la cabeza”, así como también por haber mandado a fusilar al general Paredes que había sido detenido luego de un alzamiento. Al mismo tiempo, comienza una feroz persecución hacia los militares y otros funcionarios sospechosos de ser leales a Castro. Por otra parte, libera a todos los presos políticos y bajo el lema “Paz y Trabajo” invita a regresar a los exiliados.
El gobierno de Gómez es recordado por los siguientes hechos:
- Manejó al país como si fuera su hacienda personal y al presupuesto de la Nación como su caja chica.
- Se hizo dueño de media Venezuela comprando muchas fincas a precio de gallina flaca, para lo cual también usaba la represión ya que metía a sus dueños en la cárcel acusándolos de cualquier cosa y los hacía firmar los documentos de compra-venta para evitar castigos peores.
- Inauguró la Academia Militar y profesionalizó a la Fuerzas Armadas, dándole a los militares uniformes elegantes, equipos modernos y carrera.
- Colocó en los cargos más altos, tanto militares como civiles, a sus familiares directos: hijos, hermano, tío, primo y cuñado.
- Pagó toda la deuda externa.
- Interconectó al país al inaugurar muchas carreteras: Caracas-Maracay; la Trasandina (Caracas-San Antonio del Táchira); Caracas-Soledad (hasta las orillas del Orinoco); Carretera Caracas-La Guaira; entre muchas otras. Dicen que, en gran parte, para comunicar sus dispersas propiedades y revalorizarlas.
- Desarrolló la red de ferrocarriles, el servicio postal y el telégrafo.
- Subieron los precios del café en los mercados internacionales y empezó a ingresar mucho dinero al país.
- A partir de 1926 llegó la bonanza petrolera; se comenzaron a otorgar concesiones y el gobierno se alió con la Shell para la explotación de los pozos.
Al ritmo del Charleston, de los desfiles y de las inauguraciones de edificios modernos, avenidas y puentes, para los ojos del mundo Venezuela avanzaba hacia la modernidad y poco o nada se sabía de lo que sucedía en las cárceles hasta que destacados venezolanos lograron salir y denunciar las atrocidades del régimen.
Por otra parte, el país estaba sumido en la más absoluta pobreza; casi todos los ingresos se destinaban a obras, a sufragar los costos del pesado aparato del Estado y a mantener contentos a los generales y otros altos personeros, mientras que para educación, salud, y bienestar social los presupuestos casi no existían.
El analfabetismo era alarmante, ya que menos del 10% de la población sabía leer y las peores enfermedades pululaban por doquier. En 1918 se desató la Gripe Española, que afectó a una parte importante de la población, incluyendo a Alí Gómez, uno de los hijos de Juan Vicente que murió a consecuencia de la pandemia.
Constituciones
Durante el largo mandato de El Benemérito se promulgaron siete Constituciones: 1909, 1914, 1921, 1925, 1928, 1929 y 1931, las cuales servían para adaptar las leyes a las circunstancias y necesidades personales de acuerdo al momento. Entre ellas las más importantes son las de 1909 y 1914. En la primera se toma la figura de la Carta Magna de 1864, definiendo la existencia de 20 estados y un Distrito Federal, así como cuatro años de gobierno sin reelección inmediata.
Mediante esta estrategia Juan Vicente trató de ganarse a los caudillos regionales, que pasaron a conformar el Consejo Federal de Gobierno (cada uno representaba a dos estados) aunque no implicó otorgar autonomía ya que los representantes estatales eran elegidos por el Congreso.
En cuanto a la Constitutución de 1914, el Benemérito había sido elegido por el Congreso como Presidente Constitucional para el período 1910-1914, por lo cual en el año 1913 tocaba realizar nuevas elecciones. La mejor solución que encontró El Benemérito para evadir el proceso temporalmente fue inventarse una supuesta invasión por parte de Cipriano Castro.
Con la amenaza de este ataque fantasma suspendió las garantías y por lo tanto las elecciones para posteriormente, ya con la nueva Constitución de 1914 aprobada, la cual alargaba el período presidencial a siete años, resultar electo para el período 1915-1922. A continuación nuevamente es elegido para el período 1922-1929 y luego para el período 1929-1936, pero muere en diciembre de 1935.
La Rotunda
Durante la dictadura de Gómez, las cárceles más concurridas por los presos seguían siendo los castillos de Puerto Cabello y San Carlos, así como La Rotunda. Sobre esta última existe el testimonio vívido de José Rafael Pocaterra, quien narra muchos episodios interesantes en sus “Memorias de un venezolano en la decadencia” y describe a varios personajes que conoció durante su estadía en ella por tres años. De sus anécdotas, vale la pena resaltar lo concerniente a: Nereo, encargado de los presos; y a Duarte Cacique, aquel reo del Castillo de Puerto Cabello que llegó a ser jefe de La Rotunda.
La Rotunda se ubicaba en los predios de un recinto militar denominado Cuartel del Hoyo, que comenzaba en la esquina del mismo nombre. La Esquina del Hoyo se encuentra diagonal a la Plaza La Concordia, lugar este último donde estaba el presidio antes de ser demolido por el gobierno de Eleazar López Contreras. Según cuenta Pocaterra, La Rotunda era un edificio de paredes amarillas y se atravesaban varios pasillos y galerías para finalmente arribar a un hueco por el que había que saltar, para entonces toparse con una estructura semicircular de dos niveles, donde había 25 celdas arriba y 23 abajo.
Todos los presos tenían grillos y a veces se engrillaban a dos reos juntos. A los que tenían su calabozo en el nivel superior, que eran los más nuevos, en la entrada de la celda se les colocaba una cortina blanca ajustada meticulosamente de manera que no entrara ni un rayo de sol y tenían prohibición de asomarse. En el nivel inferior se encontraban los detenidos de mayor antigüedad, que también tenían cortina blanca pero podían salir eventualmente a una especie de patio central donde había una pileta.
La tela que tapaba la entrada del calabozo tenía doble función; envueltos en ella sacaban a los muchos presos que morían por las torturas o las palizas, por la falta de alimento, por las enfermedades, o debido a los envenenamientos que era una forma rutinaria de reducir la población del penal. Cuando fallecían, llegaba una ambulancia del Hospital Vargas y se llevaba a los cadáveres en una camilla; luego sus cuerpos eran entregados embojotados a los familiares y se les decía que habían muerto en el hospital.
En la época que llegó Pocaterra a La Rotunda el encargado de los presos era un célebre personaje, quien provenía de la cárcel común por estar acusado de dar muerte a su concubina, pero le habían dado el trabajo de atender a los políticos; una de sus muchas funciones consistía en colocar ácido arsénico en las comidas. Este sujeto tan peculiar se llamaba Nereo Pacheco y se distinguía especialmente por ser una de esas personas que disfrutan haciendo su trabajo.
Nereo se levantaba a las cuatro de la mañana y se tomaba la molestia de ir despertando a cada uno de los presos cayéndole a golpes al muro de cada celda hasta que el ocupante contestaba. Vigilaba celosamente que los detenidos no se comunicaran entre sí, y también solía aplicar castigos de su propia cosecha, como no sacar la lata de los excrementos por varios días o negar el agua de beber. Por otra parte, cuando algún preso moría se ponía a tocar música llanera con su arpa.
Pero sucedió que una mujer de la familia de uno de los presos políticos, llamado Rafael Ricardo Revenga, se casó con alguien cercano a Gómez y por este vínculo Revenga salió de La Rotunda. Un buen día Nereo fue enviado al Castillo de Puerto Cabello donde estuvo por varios años y por cierto no fue tratado muy bien.
En cuanto a Duarte Cacique, ex reo de Puerto Cabello y luego jefe de La Rotunda, Pocaterra narra que una vez, uno de los sacerdotes detenidos por haber protestado en sus sermones fue castigado con una de las variantes favoritas: llenar el calabozo de agua para que murieran de frío ya que no se permitía tener cobija. El Padre Mendoza le rogó a Duarte algo con que abrigarse, a lo que éste contestó que se encomendara a Dios. Semanas después Duarte Cacique tiritaba por una enfermedad extraña que había contraído y murió rogando que le llevaran al cura para que lo perdonara.
Disidencia
A pesar de que el régimen de Gómez fue extremadamente cruel con los disidentes, muchos venezolanos arriesgaron su seguridad y su vida y se le opusieron. Durante esta larga dictadura se sucedieron más de veintidós conatos de golpe. Especialmente a partir del año 1913 se dieron aproximadamente catorce movimientos de importancia, varios de ellos cruciales.
Sin embargo todos fueron controlados ya que, aparte del numeroso ejército prusiano con que contaba el gobierno, en cualquier sitio de la ciudad existían ojos y oídos de espías remunerados, quienes podían ser: el vecino, el compañero de trabajo o estudio, el que atendía el bar o el abasto, el chofer o pasajero del tranvía, el que estaba parado en la esquina, o el que se sentaba en la plaza.
De todos los sucesos que atentaron contra la estabilidad de la dictadura, los de mayor resonancia histórica son: las protestas estudiantiles de los carnavales de 1928, a la que se unieron oficiales del ejército así como muchos civiles; y la expedición de Román Delgado Chalbaud en el año 1929.
En 1928, con motivo de la Semana del Estudiante, los universitarios iniciaron una protesta pacífica que consistió en dar discursos en lugares emblemáticos de la ciudad tales como la Plaza de La Pastora, el Panteón Nacional, y el Teatro Municipal donde fue coronada la Reina del Carnaval. Estos actos fueron organizados por Raúl Leoni, que para ese momento era Presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) y dieron lugar a que sus participantes se conocieran históricamente como la Generación del 28.
Lo importante, y que puso en riesgo al gobierno, fue que los estudiantes recibieron apoyo de los oficiales jóvenes (entre los que estaba el hijo de Eleazar López Contreras) así como del pueblo en general. Por tal motivo, muchos fueron apresados y enviados a las cárceles, otros se entregaron en solidaridad con sus compañeros, y un tercer grupo logró escapar, en primera instancia hacia Curazao y luego hacia otros destinos. En este último lote estaban Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Miguel Otero Silva, quienes en el exterior fueron factor clave para organizarse y denunciar la situación de Venezuela.
Famoso es el intento de invasión a Cumaná por parte del general Román Delgado Chalbaud junto a un grupo de hombres reclutados en París, donde también venía su hijo Carlos Delgado Chalbaud que para entonces contaba con 20 años, así como José Rafael Pocaterra. Habían partido de Europa a bordo del Falke y esperaban a un contingente en la isla de La Blanquilla, pero no llegaron; esto hizo detener al barco por tres días lo que alertó a las fuerzas del régimen. Adicionalmente, al desembarcar en Cumaná, el plan era que los que venían en el Falke atacaran por el frente y otro grupo en tierra hiciera fuego desde atrás, pero la estrategia falló.
Román Delgado Chalbaud, quien había estado esperando el gran momento de derrocar al régimen opresor luego de permanecer 14 años en La Rotunda y que financió la expedición con su propio dinero, falleció de dos disparos el 11 de agosto de 1929 en Cumaná. En cuanto al resto de los combatientes, muchos también murieron, otros fueron apresados, y algunos pudieron regresar heridos al barco que levó anclas a las 8:30 de la mañana de ese día.
Su hijo, Carlos Delgado Chalbaud, también tuvo un final trágico ya que luego de dar el golpe de Estado a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948 y desempeñarse como Presidente de la Junta Militar, el 13 de noviembre de 1950 fue secuestrado por un grupo a cargo de Rafael Simón Urbina y asesinado en extrañas circunstancias.
Fin de la dictadura
Los últimos años de el Benemérito no fueron diferentes en cuanto a la persecución y represión de los opositores. Gómez pasó sus días finales en Maracay, falleciendo a los 78 años en su cama rodeado por sus familiares y sin haber sufrido ninguna penalización por todos los daños ocasionados.
Apenas muere Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras es elegido para terminar el mandato presidencial y luego es ratificado por el Congreso para el período 1936-1943. Pero hizo una reforma de la Constitución acortando el período a cinco años por lo cual gobernó hasta 1941 y luego asumió Isaías Medina Angarita.
López Contreras llegó con el lema de “Calma y Cordura”, abrió las cárceles, regresaron los exiliados, La Rotunda fue demolida y los grillos se arrojaron al mar. Pero existía mucha rabia contenida y a poco de morir Juan Vicente Gómez gran cantidad de casas de funcionarios importantes fueron saqueadas, descubriéndose documentos secretos que ayudaron a construir la historia de esta horrorosa época.
Con el gobierno de Eleazar López Contreras comenzaba una transición hacia la democracia, que no prosperó por mucho tiempo ya que el presidente Isaías Medina Angarita fue víctima de un golpe de Estado, al igual que el Presidente Rómulo Gallegos electo democráticamente mediante el voto universal, directo y secreto.
Fuentes:
-Arráiz Lucca, R. (2007). Venezuela: 1830 a nuestros días. Caracas: Editorial Alfa.
-Chataing, D. (2017). Historia de las ideas en Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana.
-Herrera Luque, F. (1992). En la casa del pez que escupe el agua. Caracas: Editorial Pomaire.
-García Moya, I. (2011). La Caracas que conocí. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana.
-Ortega, D. (1997). Historia de Venezuela. Caracas: Santillana.
-Pocaterra, J.R. (1979). Memorias de un venezolano en la decadencia (Tomos I y II). Caracas: Monte Ávila Editores
